¡ Hola San Blas ! ¿ qué hay de tu vida viejo ? ¿ cómo van esas tierras de tomillos nuevos ? Sigues ahí arriba... mirando a tu pueblo, al compás de los años con los susurros del viento. Mirando Las Torrazas, La Facera, La Pared de los Moros, El Reguero, compañeros tuyos, viejo amigo... que envejecen lentos. Si te hiciesen un balcón o mirador, y una senda ondulada en tu costado, subiríamos a contemplar el flujo de nuestras tierras que fluye en los campos, y el sonar de las esquilas, que suben y bajan los montes con el guia que conduce el cayado. ¡ Oh cabezo San Blas !... amigo de tomillos y aliagas, que ves envejecer nuestras vidas, y volar... nuestras almas.
Montañas mágicas del Himalaya, cubiertas de nacarados jazmines que esparcen pureza, nostalgias y fulgores... a esa quietud deshojada de abruptos caminos, que vieron subir la estela de mi otoño serpenteante...con el corazón erguido. Montañas blancas del Himalaya, que trepan mis sueños vespertinos, y el eco errante de mi alma resuena en sus vientos con suspiros. ¡ Y qué ardientes deseos ! afloran en sus aureolas encrestadas, montañas sagradas de rostros estériles que extasian los corazones iluminados. ¡ Y qué ardientes deseos ! hacen bullir la sangre soñadora de cuantos miran su belleza... en ese crepúsculo encantado que desvelan los astros. ¡ Y qué ardientes deseos indecibles ! laten en la pureza de sus laderas, "camposanto de espíritus silenciosos" que hacen subir al mundo... y abrazar su poderio.
Dedicado a la "estela de mi otoño" que me transmitio ese sentimiento tan profundo, por estas montañas mágicas y sus gentes. Gracias hija
Amor, tú que abres la puerta de mi alma para que sienta mi corazón vivo, siempre entre vientos de armoniosa calma, siempre mi amor...con tus ojos revivo.
Esposa de mis sombras y mis cielos, mujer de mis caricias y mis besos, amante de mis sueños y desvelos, florido rosal...de amores espesos.
Eres la metáfora de mi vida que endulza los renglones de mis versos... el crepúsculo de hermosos añiles,
que brilla en aguas de océanos diversos, preciosa flor de primavera erguida que aromas...mis cincuenta y siete abriles. ( Un sueño )
Trepan mis noches montañas desnudas, erizados ochomiles lejanos, y sobre sus cimas blancas de Budas, capto bellos sentimientos humanos.
Rayo de sol que en flor de loto estares reflejándoles tus ponientes rojos, a fértiles valles, templos y altares que deleitan los iris de mis ojos.
Suben los sherpas fronteras azules annapurnas puros de blando hielo, montañas mágicas de blancos velos que acentúan aromas en verdes suelos, tierras de rododendros y abedules, que levantaron budistas del cielo. Sin desorientarme de tus pasos voy pisando la sombra que dejas por las aceras de esas calles claras. Tu voz alegre acompaña mis andares que se mezclan con el bullicio de la gente. Vas dando saltos de alegría, pintando el camino que recorres hacia ese parque que extiende sus tintes verdes. Escenario que cubren los árboles de sombra, con ese coro de palomas y gorriones que beben...del agua que yace en sus fuentes. Es la tarde alegre de un lunes cualquiera, un lunes que consume esos ratos maravillosos que pasamos en esa alegría conjunta que vuela, y va dejando hondos sentimientos incandescentes. Tus ojos brillan, iluminando el césped recién cortado, y los míos ya maduros respladecen a tu lado. Tú que levantas a los sombríos lunes el resplandor mañanero, con la mejor sonrisa que tienes, sonrisa inocente de niño jardinero.
Para mi sobrino Izan, de 2 años y medio, que me hace revivir aquellos años felices que me robó el tiempo. Los ecos de jota se oyen en pueblos y ciudades, resplandecen en el fulgor de sus fiestas. Brotan en la aridez de los campos, en la feracidad de sus huertas, vuelan... como palomas mensajeras. Sus letras adornadas de coloridas tonadas tienen vida, luz, poesía y alma, sentimientos de nuestra tierra que transmiten con ilusión, joteros en sus rondallas. Pastores en el silencio del monte, labradores...de sementeras doradas, avientan al cielo sus acordes donde resuenan los ecos de sus gargantas, que muestran esa alegría rústica del alma. Cuantos recuerdos suscitan, ¡¡¡cuántos!!! los ecos de esa jota maña.
Estuve encerrado con mis temores en una cárcel de puertas abiertas, acompañado de fieles amores, y un jardín... de blancas flores despiertas.
El azul del mar rondaba en mis sueños con el verdor de Cantabria y Asturias, que alfombraban horizontes risueños en mis plantas de cristaleras frías.
Y abrazando las noches perspectivas que proyectaban luz a mis anhelos, vi llanuras de Castilla doradas,
y amapolas entre espigas cautivas, brillando sobre camas niqueladas que embellecían...esos divinos cielos.
Fue el tiempo largo y la espera, viajando a orillas de ese " aún " he de andar en la insípida sombra, en la bruma de cuantos días me quedan. Fue el tiempo lago y la espera, contemplando la incertidumbre risueña entre los ecos de montañas inmensas, el vaivén de aguas viajeras, y el aire que envolvía... la savia de mis poemas. Bajo lunas que abrieron el camino dejé la imagen de sueños dormida, el cuerpo varado en verde destino, y mi alma...sobre la cuerda tendida.
Y al despertar de la oscuridad fría en marañas de luces encendidas, vi en los míos el rostro de alegría, arropando...auroras doloridas.
Y cuántos horizontes levantaron sus fulgores, a mis lánguidos días, colorido... a mi alma quebradiza,
cuál necesaria esperanza llenaron de frescura, como a campos las lluvias, y amor...cuando la vida se desliza.
A mi esposa, hija, familiares, amigos e Izan, porque todos ellos han contribuido con sus ondas positivas a llenar mi vida de alegría.
Ya vuelven los almendros de ceñidas florecillas henchidos, a llenar de espledor nuestros campos vacios, donde la hermosa tierra despierta entre verdes sementeras y viejos olivos. Ya vuelven los almendros erguidos con sus ramos nacarados, a engalanar las tierras que vivo, con sus aureolas tempranas que deleitan los caminos. ¡Lucid almendros vuestros encantos presentes en ese abril florido!, que llegó la primavera fresca y lozana dejando en su regazo... el frio dormido.
|
maneles
Temas
Archivos
Enlaces
|