Esculpes el rostro translucido, La luz de estelas visionarias Entre renglones que impregnan Nuestro corazón sonoro. Alzas tu voz que riela, en el crisol luminoso Al lado de ese amor tuyo en esencia, Un amor que asciende en el tiempo, Relata y conduce tu mano inquieta En esa luminosidad... que intuyes deseosa, Nutriendo tu mente, de energías volanderas. Sentimientos que canalizan los códices celestes, Alquimias que transforman la materia, Nos muestras nuevos horizontes, que rigen, Zodiacos ausentes...de almas viajeras.
Quien pudiera ver... desde los montes translucidos los encantos de ese jardín donde florecen las almas, y entre sus árboles claros, anidar sus alas. Quien pudiera cruzar ese túnel donde brillan las auras, y sentir esa luz transparente como tu la sientes...Elena.
¡ Hola abuela ! Aquí te escribo de nuevo estos renglones de cigüeña, porque mientras lo hago te siento mas cerca. Quizás los que se fueron del pueblo cuando el ocaso les abrió las puertas, como se fue Agustín, en el vuelo de un sueño, te hayan llevado noticias mías, pues mis andares siguen rechinando por sus calles todas las semanas, aún cuando el frío agudiza las noches tempranas. Ha pasado mucho tiempo abuela, desde que dejaste la llave en la gatera y cruzaste el reguero. El patio de la casa esta reseco y la parra que sombreaba la fachada se durmio esperando. En la calle persisten las manos encallecidas y los brazos yunteros, abuela que se los estan llevando poco a poco esta vida caduca. Suben a ver ese Cristo estéril, a cobijarse en la sombra de esa morera erguida, allí sus vocablos nostálgicos, sus profecías...resuenan a las puertas de la ermita, mientras sus gayatas aplastan las hojas caídas.
Ahora en las eras ajardinadas ya no trillan las mieses, ni en los campos ahondan el surco las mulas pardas. Ya no se ven los pámpanos oscilantes que dieron color a mis poemas verdear en las viñas. Ya no maduran sus garnachas ni drecheros, en ese huerto luminoso de cepas curtidas que eclipsaban en verano nuestros ojos, porque se las están llevando la fuerza de los arados, sin estar enfermas ni heridas. Quizás algún dia lloremos, abuela la tristeza de sus campos a la sombra de algún almendro en flor, o algún olivo aceitunero. Y entonces. ¿ Quien redimirá las cepas reviradas que sostenían las uvas, y cosechara el néctar sagrado que dormía a la sombra de los trujales ? Si ya no habrá viñas verdosas, que verter en los labios, si los jóvenes maduran a la sombra del hormigón, en las urbes buscando otro trabajo.
Ya te seguiré contando abuela te seguiré escribiendo estos renglones al aire, mientras me asomo al balcón... a contemplar ese cielo estrellado.
Cuántos silencios palpitan en esas pendientes abruptas que aviva el rescoldo pagano. Donde la luz incandescente de aquel dios, ya obsoleto, sigue irisando los espíritus de aquellos domadores de metales, caldereros de arcillas, que habitan en el lubricán de esas viejas Torrazas. Cuántas historias delatan los restos inmortales de aquellas culturas artesanas que danzan...en el declive de sus laderas, mitigando la desnudez de sus rocas. Donde el té germina en sus paredes ancestrales, y el aroma de las hojas se esparce sobre sus calizas serenas.
Asentamiento Íbero a 3 kilometros de Muniesa ( A mi esposa ) No se cómo será el mas Allá si lo encuentro, cuando el eterno sueño me llegue, ni siquiera se si llegare si lo hubiere, ni cuál será mi destino Amor mío. Cuando la alquimia divina... me transforme, y mi cuerpo en la tierra, se diluya en el olvido. No se cómo serán allí mis recuerdos, ni cómo llevaré enardecido mi suplicio, cuando no pueda abrazarte, mi Amor, ni escuchar el tono de tu voz, hablándome... en el mudo silencio mío.
Cuando me encuentre de pronto más allá de las sombras, sin el dulce sabor de tus besos elixir de mis labios, sin la mirada hechizante de tus ojos, sin el néctar de tu cuerpo hermoso. Cuando no sienta latir... junto al tuyo, mi corazón henchido.
¡Oh reloj!, que estresas mi vida, sin tregua los días...royéndolos con tus saetas oscilantes, y en el sosiego que acuna el silencio de las noches oscuras, tú prevaleces insomne...atormentándome entre constantes murmullos que rechinan en mis oídos, a la sombra de la almohada. Y en los amaneceres volanderos de cuán placidas horas tempranas, cuando mi cuerpo se deleita en su lecho, me despiertas con tú irritable gorjeo, ¡oh espectro de la noche! profanando...el nirvana de mis sueños.
Los relojes no duermen si fucionan sus pilas si no se corta la corriente, la cuerda gira constante y sus saetas oscilantes rellenan espacios vacios, que marcan el ritmo de nuestras vidas.
Eres la huella de Victorio, corazón de Jesús en las alturas que en dura piedra te levantas sobre un cerro de yesos cristalinos. Tus cabellos ondulantes cincelados a ritmo de martillo, se mojan con las lluvia, bajo esa luna de brillante nácar, y esa estrella...de candiles encendidos. Lo mismo que tus pies desnudos y tus languidas manos que bendicen Palencia, cuán rosa hermosa de los llanos. ¡Oh, Cristo del Otero!. Palentino, de profundos ojos serenos, que erguido en tu regazo, deleitas tu mirada incansable, en esa Pallancia celtibera creciente a las faldas, de ese cerro escarpado, donde las aguas del Carrión se adentran, surcando...esa tierra de Campos.
El Cristo del Otero de Palencia, se encuentra en uno de los cerros de la ciudad, donde se puede ver desde varios kilometros. Fue construido en 1931 segun el proyecto del escultor Victorio Macho mide 30 metros, y es el segundo Cristo por tamaño del mundo. En el cerro donde se levanto la estatua, hay escavada una ermita. Santa María del Otero de tres naves, donde esta enterrado el escultor.
Te muestras triste y esquivo. ¡Oh, pobre olmo erguido! que vas perdiendo las hojas, como el roble negro... bellotero noble de los picos de Europa, el chopo espigado... de blanquecina madera, los sauces llorones, fresnos, nogales y acacias que van cayendo oscilantes, sobre el vientre de la madre tierra. Otoño melancólico... gris, de mustias hojas secas que dejan los árboles desnudos, jadeantes con su pena, en valles sombríos, en los montes de la sierra, a la vera de los ríos gime el cierzo que las lleva. Hojas, hojas y hojas, hojas caducas, grandes o pequeñas, mariposas pardas, volátiles pasajeras, que en la soledad de los pueblos o en las urbes bulliciosas, corren por sus calles asfaltadas, hacinadas...como errantes viajeras.
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