Ya abre el árbol caduco sus hojas tempranas, feliz en la tierra, con las caricias del sol... y en el verdor que fluye en sus cálidas ramas, inquietos pajarillos entrelazan sus nidos de amor.
Ya pasó el frío que tiñe de blanco los suelos... y nos muestran los campos, floridos almendros en flor que vislumbran las nubes que dibujan el cielo entre jazmines abiertos y mariposas de intenso color.
Ya llegaron las tardes airosas de alegres paseos que expanden las horas en primavera su resplador, y verdean en los surcos los trigos de otoño sembrados que ahondó en los campos...el paciente labrador.
Ya vuelve la primavera lozana a lucir sus encantos en las desnudas tierras que el invierno frío dejó, envueltas en los aromas que esparcen los vientos, y los fulgores de la luna fría y los rayos del sol.
Escuchad las campanas que lanzan sus ecos a ese cielo que recoge su tintineo.
Escuchad sus notas de alegría o dolor que desvelan a los mortales ese vaivén acompasado... que voltean al viento sus badajos.
Campanas mensajeras que abrazan los aires claros, que vigilan nuestras tierras desde el campanario, y ven el sol que despierta las mañanas, y declinan las tardes en su ocaso.
A veces escuchamos enlutados... la llamada inflamada de los sones que entonan sollozantes el sentir de las sombras, con su fúnebre crespón, y nos hacen presente la muerte.
Otras... sus bandeos transmiten alegría o fulgores a las gentes del pueblo que enarbolan las fiestas, y brilla el espíritu alegre... que nos reconcilia con la vida.
Tocan y tocan entre revuelos de palomas, que alzan sus vuelos sobresaltadas por el tan, tan, de sus ecos.
¡Hola San Blas!, ¿qué hay de tu vida viejo?, ¿cómo van esas tierras de tomillos nuevos? Sigues ahí arriba... mirando a tu pueblo, al compás de los años con los susurros del viento. Mirando Las Torrazas, La Facera, La Pared de los Moros, El Reguero, compañeros tuyos, viejo amigo... que envejecen lentos. Si te hiciesen un balcón o mirador, y una senda ondulada en tu costado, subiríamos a contemplar el flujo de nuestras tierras que fluye en la sabia de los árboles, y amapolas rojas que sonríen airosas en los campos dorados... espejo de melancólicos recuerdos que forjaron a viejos arrieros, en desnudos y áridos llanos. Subiríamos a contemplar el sonar de las esquilas, que suben y bajan ondulantes con el guía que mueve el pastoril cayado. Subiríamos a contemplar el verdor de humildes huertos que ornan nuestro pueblo. A contemplar buitres de anchas alas que duermen en tu lecho, y palomas blancas que levantan desde el campanario su vuelo. ¡ Oh cabezo San Blas !... amigo de tomillos y aliagas, que ves envejecer nuestras vidas, y volar... nuestras almas.
Montañas mágicas del Himalaya, cubiertas de nacarados jazmines que esparcen pureza, nostalgias y fulgores... a esa quietud deshojada de abruptos caminos, que vieron subir la estela de mi otoño serpenteante...con el corazón erguido. Montañas blancas del Himalaya, que trepan mis sueños vespertinos, y el eco errante de mi alma resuena en sus vientos con suspiros. ¡ Y qué ardientes deseos ! afloran en sus aureolas encrestadas, montañas sagradas de rostros estériles que extasian los corazones iluminados. ¡ Y qué ardientes deseos ! hacen bullir la sangre soñadora de cuantos miran su belleza... en ese crepúsculo encantado que desvelan los astros. ¡ Y qué ardientes deseos indecibles ! laten en la pureza de sus laderas, "camposanto de espíritus silenciosos" que hacen subir al mundo... y abrazar su poderio.
Dedicado a la "estela de mi otoño" que me transmitio ese sentimiento tan profundo, por estas montañas mágicas y sus gentes. Gracias hija
Amor, tú que abres la puerta de mi alma para que sienta mi corazón vivo, siempre entre vientos de armoniosa calma, siempre mi amor...con tus ojos revivo.
Esposa de mis sombras y mis cielos, mujer de mis caricias y mis besos, amante de mis sueños y desvelos, florido rosal...de amores espesos.
Eres la metáfora de mi vida que endulza los renglones de mis versos... el crepúsculo de hermosos añiles,
que brilla en aguas de océanos diversos, preciosa flor de primavera erguida que aromas...mis cincuenta y siete abriles.
( Un sueño )
Trepan mis noches montañas desnudas, erizados ochomiles lejanos, y sobre sus cimas blancas de Budas, capto bellos sentimientos humanos.
Rayo de sol que en flor de loto estares reflejándoles tus ponientes rojos, a fértiles valles, templos y altares que deleitan los iris de mis ojos.
Suben los sherpas fronteras azules annapurnas puros de blando hielo, montañas mágicas de blancos velos que acentúan aromas en verdes suelos, tierras de rododendros y abedules, que levantaron budistas del cielo.
Sin desorientarme de tus pasos voy pisando la sombra que dejas por las aceras de esas calles claras. Tu voz alegre acompaña mis andares que se mezclan con el bullicio de la gente. Vas dando saltos de alegría, pintando el camino que recorres hacia ese parque que extiende sus tintes verdes. Escenario que cubren los árboles de sombra, con ese coro de palomas y gorriones que beben...del agua que yace en sus fuentes. Es la tarde alegre de un lunes cualquiera, un lunes que consume esos ratos maravillosos que pasamos en esa alegría conjunta que vuela, y va dejando hondos sentimientos incandescentes. Tus ojos brillan, iluminando el césped recién cortado, y los míos ya maduros respladecen a tu lado. Tú que levantas a los sombríos lunes el resplandor mañanero, con la mejor sonrisa que tienes, sonrisa inocente de niño jardinero.
Para mi sobrino Izan, de 2 años y medio, que me hace revivir aquellos años felices que me robó el tiempo. Los ecos de jota se oyen en pueblos y ciudades, resplandecen en el fulgor de sus fiestas. Brotan en la aridez de los campos, en la feracidad de sus huertas, vuelan... como palomas mensajeras. Sus letras adornadas de coloridas tonadas tienen vida, luz, poesía y alma, sentimientos de nuestra tierra que transmiten con ilusión, joteros en sus rondallas. Pastores en el silencio del monte, labradores...de sementeras doradas, avientan al cielo sus acordes donde resuenan los ecos de sus gargantas, que muestran esa alegría rústica del alma. Cuantos recuerdos suscitan, ¡¡¡cuántos!!! los ecos de esa jota maña.
Estuve encerrado con mis temores en una cárcel de puertas abiertas, acompañado de fieles amores, y un jardín... de blancas flores despiertas.
El azul del mar rondaba en mis sueños con el verdor de Cantabria y Asturias, que alfombraban horizontes risueños en mis plantas de cristaleras frías.
Y abrazando las noches perspectivas que proyectaban luz a mis anhelos, vi llanuras de Castilla doradas,
y amapolas entre espigas cautivas, brillando sobre camas niqueladas que embellecían...esos divinos cielos.
Fue el tiempo largo y la espera, viajando a orillas de ese " aún " he de andar en la insípida sombra, en la bruma de cuantos días me quedan. Fue el tiempo lago y la espera, contemplando la incertidumbre risueña entre los ecos de montañas inmensas, el vaivén de aguas viajeras, y el aire que envolvía... la savia de mis poemas.
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