Miro y remiro y vuelvo a mirar
esos tonos azules, enmarcados en madera noble y sana
ese lienzo, que es de mi alma ventana
porque en él veo, día tras día el mar.
Vienen las olas, por ese horizonte trepando
oigo el bramar, en ese rincón de mi cuarto
y sobre sus aguas, la silueta nostálgica de un barco
que se aleja en el tiempo navegando.
Topan contra las rocas, sus aguas saladas
sinfonía de compases, reincidentes
rompiendo en mil pedazos sus olas,
buscan en ellas refugio, crustáceos, bibalvos y caracolas
y mi corazón añora ese color azul, tono de recuerdos ausentes
que revivo en ese mar, fruto de maravillosas pinceladas.