Tumbado sobre fría tierra
ladraba aquel perrito
lloraba su tristeza
sin padres el solito.
Con hambre y frío sobre la arena
de aquel sombrío descampado
sin remordimientos ni pena
lo dejaron abandonado.
Al verle tembrar
me lo lleve a casa entre las manos
y fue la alegría de mi hogar
durante muchos años.
Aun corretea en el piso
por los pasillos de mi mente
con su alegría, cortándome el paso
en ese que hacer... después de su muerte.