Frágil cuerpo, que en el te recreas
saciando tu maldad y el odio, tu mente enfermas
y no oyes sus llantos, tampoco sus quejas
ni ves esa mirada inocente que siegas.
Y desconsolado llora, esa carencia de amor
que ensombrece, en pesadillas su alma
esa brisa perfumada que alimentas de temor
en ese dulce rostro, que a la infancia llama.