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Estampado..., en un cruce de caminos con grandes viñas y campos de trigo se encuentra Muniesa en la provincia de Teruel. Verdean pinos, almendros y olivos en esas mismas tierras, uniendo sus lazos y son el tomillo, romero y espliego aromas en yermos y ribazos. Transparentes aguas claras, corren en esa fuente de tres caños la bebiera yo de joven y sigue corriendo con los años en ese pueblo que existe llanas calles, como la palma de la mano y en balcones y ventanas, rosas y geranios que alegran la vida; en los meses de verano.
A mi aire, quisiera hacer un soneto a ese guiñote nuestro de Aragón... si yo lo acabara, estaría contento porque en esta tierra, es tradición. Cuarenta cartas, tienen las barajas que en los bares, nos jugamos los gastos en ese mano a mano, o entre parejas con oros, copas, espadas o bastos. Cuatro "palicos", que sobre el tapete va robando en cada baza, el jugador no quedes maño de últimas con todos;
"acordate", que jugando dos contra dos los descartes son lo mas importante, "rediez maño" si quieres ser ganador.
En una noche de luna llena foco de ese cielo estrellado cantaba el grillo su pena escondido, entre algún canto rodado. Y yo después de la cena en esa noche de verano ponía mi cuerpo en fresquera en esa calle, de mi pueblo serrano. Allí, en la puerta de casa en una silla de aneas sentado escuchaba aquel grillo en silencio, bajo aquel cielo iluminado y ausente en ese dulce vacío sentía esa paz, en este mundo escasa. Viera en la oscuridad esa luz y calentose en un fuego sin llama cautivo en esa hermosa quietud escucho en silencio, el eco de su alma. Y en aquella celda oscura húmeda de penoso dolor brillaba sobre la testa el aura de Miguel de Molinos, monseñor. Injusta en Roma fue la sentencia que por aquel entonces* recibió ingrata, de miedos e envidias llena. Y en la soledad, de tan triste pena dejo su cuerpo, allá en ellos su conciencia y su alma pura y eterna, se fue con Dios. *13 de septiembre de 1687 Mientras las ciudades se contaminan Ubicadas entre humos y asfalto Nace la vida pura en los pueblos Imersa, en esa fría soledad Envejecen sus casas vacías Solo en verano se llenan de gentes Añoran esa paz, el aire,sus aguas.
Que tendrá esa paz que en los pueblos aflora esa paz hermosa y generosa que al contemplarla nos enamora. Qué sano es el aire que corre en el pueblo con aromas de romero tomillo y espliego.
Qué buena sabe el agua que corre por dentro de las entrañas de la tierra y aflora, en la fuente de mi pueblo. De este aire, que respirar no quiero en esta ciudad, que vivir metoca quitar de la mente quiero esa angustia, que la ansiedad provoca y en ese haber, que en el tiempo espero en esa mi casa, que vivir me sobra paso la vida en este, que es mi sueño corriendo por el campo, a solas con mi sombra. Miro y remiro y vuelvo a mirar esos tonos azules, enmarcados en madera noble y sana ese lienzo, que es de mi alma ventana porque en él veo, día tras día el mar. Vienen las olas, por ese horizonte trepando oigo el bramar, en ese rincón de mi cuarto y sobre sus aguas, la silueta nostálgica de un barco que se aleja en el tiempo navegando. Topan contra las rocas, sus aguas saladas sinfonía de compases, reincidentes rompiendo en mil pedazos sus olas, buscan en ellas refugio, crustáceos, bibalvos y caracolas y mi corazón añora ese color azul, tono de recuerdos ausentes que revivo en ese mar, fruto de maravillosas pinceladas. Inmaculadas aguas, que blanquean sobre altas tierras en horizontes bajaran puras, en divinas corrientes anegando praderas que verdean. Despertaran la vida, en entrañas dormida sedienta, de su aterciopelado manto bendito sea, tan sublime llanto que en lagrimas levantaran, nuestra moral caída.
Y soñare, con entrelazados copos blancos que caen del cielo en forma de mágica pocima y lañan la tierra, curando sus heridas, sentiré el frescor de la nieve, entre mis manos asida recordando aquellos juegos, que en la niñez fueron eufóricos y seguiré soñando, para que esa capa de ozono, no cambie el clima. Que bello es el pirineo de atalayas encadenadas vergel, en verde suelo y blancas cimas en sus montañas. Tierras de paz, de sosiego en celo tranquilas llanuras, lagos en silencio almas que encuentran, en ese eco el consuelo en el sutil canto, de ese viento limpio.
Corre el agua, por los ríos transparente flujo de una nieve blanca consolidada que bebe esa tierra, en colores agradecida creando bellos paisajes, y bosques llenos de vida que realza el arco iris, en ese cielo azul celeste con esa brisa, en olores perfumada. En mitad del camino, herido halle aquel cuerpo alado y sentí el vaivén de su corazón acelerado mientras mis manos, lo ponían en su nido. Note revolotear entre las finas ramas la sombra, de unos padres en desconsuelo que con ansias de ver ese hijo en vuelo sufren en silencio, con el corazón en llamas.
Vuela, vuela pájaro, vuela que para eso has nacido vuela, con valor y coraje. Templa tus alas de lindo plumaje como desplega el barco su vela y mira marinero alado, ese cielo agradecido. Vivos colores, quitan la pena en campos secos, mana trigo, centeno y avena y en el corazón, la sangre se altera cuando llega la primavera. Fresco aire que todo lo llena con olor a espliego, tomillo, hierba buena lluvia y viento, riegan y barren la tierra brota la vida en primavera. El sol en el cielo alarga la faena y el mar en la playa, iguala la arena despiertan los animales, en sus madrigueras y los pájaros retornan, cruzando fronteras como todos los años es primavera. Allí en el hilador en aquella calle tranquila hubo una vez, un hermoso banco de piedra, donde sentábanse las vecinas a coser con mi abuela, en aquella casa de piedras entrelazadas con barro de allí, de su tierra. Allí en el hilador junto a ese banco de una pieza trepaba la parra, entre las piedras engalonando aquella modesta fachada con su puerta en el centro de madera, aquellas de dos hojas, con su gatera. Y dentro... aquel patio de tierra que rujiado con un pozal de agua en los meses de verano, hacía de fresquera. Allí en el hilador esa calle de Muniesa en ese pueblo de Teruel pase yo mi niñez al lado de mi abuela. Yo que tu falta noté antes que nadie y cuando la tuve no supe amarte. Yo que fuí luz y amor en tu vida porque la vida no se te hizo más grande el tormento y la angustia mi corazón invaden porque ahora que me faltas no puedo olvidarte sólo me consuela el espejo porque en el veo tus ojos... madre.
Con dos amores convivo contento y a los dos, quiero por igual si tuviese que elegir uno, sería un tormento pues no sabría, de los dos cual. Uno me robo el corazón y el otro lleva, mi sangre en sus venas mas ninguno fuere de los dos ladrón aunque también me quitasen las penas. Y quiso el cielo, ponerlos en mi camino el sol y la luna quisieron también o quizás allí arriba algún ángel, le hablase a Dios, de mi bien así se dispuso, fuese mi destino y agradecido estoy, yo con él. Nos dejaste una noche de Abril, algo fría. Te fuiste muy tranquila nadie se enteró pero yo en mi cozazón ya lo sabía. Ha pasado mucho tiempo muchos días desde que cogiste el tren que lleva la vida. Esperando estoy que retorne algún día el tren de la vida para cogerlo y decirte te quiero... madre mía.
El regio destello de tus ojos hechizo mi corazón, tu mirada rompiendo en mil pedazos los amoríos; de mi vida pasada. Hoy tu pelo empieza a blanquear estrella mía errante que importa, que tu pelo empiece a blanquear si yo no he dejado de amarte. Y cuando el cielo, reclame nuestras vidas y vaguen, en ese universo infinito buscare, allí en las estrellas, entre las sombras plateadas ese destello, que en la tierra me hechizo y mantuvo, nuestras vidas unidas.
El cielo se pinta de azul y las nubes, de azul más claro de azul oscuro, si el día esta nublado brilla en el mar ese azul azul, por las olas cortado y amarillea el sol, entre los verdes prados mil colores delatan, las flores en el campo mariposas, árboles, montañas y pájaros y siempre de fondo, aquel color azulado. En mitad del camino, herido halle aquel cuerpo alado y sentí el vaivén de su corazón acelerado mientras mis manos lo ponían en su nido. Note revolotear entre las finas ramas la sombra, de unos padres en desconsuelo que con ansias de ver ese hijo en vuelo sufren en silencio, con el corazón en llamas. Vuela... vuela pájaro, vuela que para eso has nacido vuela, con valor y coraje, templa tus alas de lindo plumaje como desplega el barco su vela y mira, marinero alado, ese cielo agradecido. Tumbado sobre fría tierra ladraba aquel perrito lloraba su tristeza sin padres el solito. Con hambre y frío sobre la arena de aquel sombrío descampado sin remordimientos ni pena lo dejaron abandonado. Al verle tembrar me lo lleve a casa entre las manos y fue la alegría de mi hogar durante muchos años. Aun corretea en el piso por los pasillos de mi mente con su alegría, cortándome el paso en ese que hacer... después de su muerte.
El tiempo no existe ni el color ni la raza ni la edad importa cuando se ama. Un reir una carcajada un sentir una mirada quizás una canción un poema una carta o la sensación del alma. Invisible no se ve no se toca cuando se tiene... se nota. Sentimientos que en el corazón corren salid del alma, penas a la vida ved esa luz, que desde el infinito nos guía y escribid, sin que la mente pare el sentir de emociones y alegrías para que no se pierda de entre nosotros eso que llaman... poesía. Frágil cuerpo, que en el te recreas saciando tu maldad y el odio, tu mente enfermas y no oyes sus llantos, tampoco sus quejas ni ves esa mirada inocente que siegas.
Y desconsolado llora, esa carencia de amor que ensombrece, en pesadillas su alma esa brisa perfumada que alimentas de temor en ese dulce rostro, que a la infancia llama. El viento agita tus hojas y llenas el aire, de fragancias y aromas; en ciudades, pueblos o aldeas, engalanas fuere cual fuese tu tierra; balcones, puertas o ventanas, y en esa que es siempre tu fiesta; de vivos colores, vistes de gala, patios, jardines y fachadas. Ya en la cama tumbado con la mente relajada y en esa vertical mirada con la ventana entre cortada. Esa suave melodía en ese silencio acompasado esa luz proyectada en ese techo blanco. E inmerso en esa sensación prendado se difumina la mirada y en esa nube volando pesa el aire en mis ojos y acabo roncando.
Tiempo frío, de nieves y escarchas de cristales empañados en ventanas estufas que arden, mantas y pijamas. Vientos fríos, que soplan corren aguas heladas abrigos, guantes y bufandas. O poderoso sol, de oblícua mirada tiempo es de sopas, caldos y fabadas tambien lo son de champán, vino y esperanzas. Humo que fluye en el horizonte divisan mis ojos, en lágrimas ahogados oídos dejan, el silbar de sirenas atorados y en lejanía, el eco de estruendos distorsionan en mi cuerpo el semblante. Cruzan el cielo... flechas envenenadas que llevan a la gente, dolor, hambre y desgracia llevan a la gente, miedo, odio y rabia. Se quiebran amigos, vidas y esperanzas los sueños se desvanecen, ya no hay sonrisas ni carcajadas. Es la guerra... que vuelve a las gentes inhumanas cuerpos tirados, en frías calzadas campos sin flores, llenos de personas apiñadas donde las horas son días y los días semanas. Éxodo masivo, holocausto indeseado donde la guerra y la muerte se acaban juntando. ¿Dónde están?, los que las hicieron, aquellos que las empezaron en cómodos sillones, en sus despachos.
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