Revolotea en grosas ondas el eco
que en finos piares tañan la ventana
que oigo en esta cuarto, en aires reseco
esperando que brille la mañana.
Madrugan con el alba los gorriones
despertando con fuerza sus gargantas
fuerza pajaril, de regios pulmones
en esta ciudad, que es una de tantas.
Partirán en busca de ese sustento
entre las calles y plazas que anidan
ajenos al tráfico pasan el día,
y cuando el sol haga, esa hora tardía
plegarán sus alas, mágico manto
entre ramas de árbol...que no olvidan.