Ayer fui a verte...
por esos caminos en flor
que la primavera engalana,
fui a verte a Gabarda
con el mismo delirio,
el mismo anhelo,
de aquella temprana infancia.
Fui a verte con la cándida esperanza
de encontrarte todavía vivo,
de extender mis brazos, para abrazarte
y sentir la sombra de tus ramas,
y encontré secas tus raíces
que yacían sobre el duro lecho del monte
de aquella tierra sedienta de agua,
y sentí ese escalofrío helado
que arrastró mis sentimientos,
y motivó ese vaivén de mis ojos
en el llanto mudo
que conducen mis lágrimas.
!Oh, erguido chopo espigado¡
orgullo de mi Gabarda adolescente,
sombra de claudieras
ermitaño saludable del monte,
cuántas veces en mi infancia
habré ido yo, con mi abuela a verte,
cuán lejos se veían
en tierras de Gabarda
tus bellas hojas verdes.
Ya no soplará el aire
alborotando tus ramas,
ni sentirás el calor de los pájaros
cuán gorjeo volaba.
Ayer fui a verte...
por esos caminos de tierra y barro
de albarcas y alpargatas,
fui a ver...
aquel amigo de la infancia.
Las nubes oscurecen la luna,
al sol la niebla no deja salir,
mientras los sueños
atraviesen fronteras,
la magia de aquel amigo
seguirá siempre en mi.
*Tierra de cultivo en el monte, a 7 kilómetros del pueblo