Ayer*, en los albores de la mañana
cuando los pájaros al aire
contagiaban su alegría,
abrió a la luz del día
sus pequeñas pupilas.
Ayer*, al renacer la aurora temprana,
los dioses me agasajaron
con esa luna sonrosada,
envuelta en la frescura del rocío.
Esa rosa diminuta con pétalos de dulzura,
que llegó entre los aromas de ese manto florido,
que dejaron los Pilares.
¡ Oh tesoro infinito !
que cubres mi vida de jazmines dorados.
Eres el sentimiento hondo mi niña,
el amor deseado que renueva mi alegría.
¡ Oh perla de los mares !
Eres el resplandor cristalino del diamante,
el orgullo vivo...
en el alma inmortal de tu padre.
* 20 de Octubre de 1977