¡Oh reloj!, que estresas mi vida,
sin tregua los días...royéndolos
con tus saetas oscilantes,
y en el sosiego que acuna el silencio
de las noches oscuras,
tú prevaleces insomne...atormentándome
entre constantes murmullos
que rechinan en mis oídos,
a la sombra de la almohada.
Y en los amaneceres volanderos
de cuán placidas horas tempranas,
cuando mi cuerpo se deleita en su lecho,
me despiertas con tú irritable gorjeo,
¡oh espectro de la noche!
profanando...el nirvana de mis sueños.
Los relojes no duermen
si fucionan sus pilas
si no se corta la corriente,
la cuerda gira constante
y sus saetas oscilantes
rellenan espacios vacios,
que marcan el ritmo de nuestras vidas.