|
Se muestran los artículos pertenecientes al tema familia.
Ayer*, en los albores de la mañana cuando los pájaros al aire contagiaban su alegría, abrió a la luz del día sus pequeñas pupilas. Ayer*, al renacer la aurora temprana, los dioses me agasajaron con esa luna sonrosada, envuelta en la frescura del rocío. Esa rosa diminuta con pétalos de dulzura, que llegó entre los aromas de ese manto florido, que dejaron los Pilares. ¡ Oh tesoro infinito ! que cubres mi vida de jazmines dorados. Eres el sentimiento hondo mi niña, el amor deseado que renueva mi alegría. ¡ Oh perla de los mares ! Eres el resplandor cristalino del diamante, el orgullo vivo... en el alma inmortal de tu padre.
* 20 de Octubre de 1977
Aún ahonda el luto en su alma, aún lloran sus ojos cristalinos, aún resbalan a cada instante, sus lagrimas errantes...como translucidas mariposas en la nitidez madura de su cara. Aún oye día a día, esa voz que le susurra, aún percibe esa imagen que le falta, aún vela su existencia, emocionada que prolonga...esa tristeza amarga. Aún ve a su hombre en el campo, aún cenan juntos en casa, aún revive a su amor...enamorada. Aún ve su cara curtida, aún sus camisas mojadas, sus pantalones oscuros, sus calcetines de lana, iluminando...la llama de su alma. A mi tío Agustín ( Maneles de Muniesa )
Cabalga el tiempo sin descanso sobre esta sólida tierra, cosechando los cuerpos de todos que en ella habitamos. Le toco a mi tío Agustín,"Maneles", el suyo en este amargo 9 de Marzo, se quedo la calle afligida y sin el calor de su cuerpo el banco, la familia desolada y los amigos sin ánimos. Le echaran en falta sus viñas, hijas, del omnipotente Baco, que modeló dándoles forma con el cariño de sus manos. Por los caminos fue con sus mulas trabajador del campo temprano, a labrar con orgullo esos campos dorados, campos de espigas púrpuras, campos de sudor y sangre, campos llenos de vida que dieron la madurez, a sus desnudas manos. Aquellos que cruzo con albarcas, los surcos con una rama de tomillo en su boca, bajo aquel sol de antaño. Y lloraran sus árboles longevos en pena la savia por sus troncos, almendros, olivos, higueras, amores que cuido con esmero con el brío de sus manos. Y seguirá saliendo la luna lo mismo que el sol con sus rayos, en los ríos correrán sus aguas como en el tiempo los años y al final volveremos a ver al tío Agustín, "Maneles", esperándonos...en su banco.
El regio destello de tus ojos hechizo mi corazón, tu mirada rompiendo en mil pedazos los amoríos; de mi vida pasada. Hoy tu pelo empieza a blanquear estrella mía errante que importa, que tu pelo empiece a blanquear si yo no he dejado de amarte. Y cuando el cielo, reclame nuestras vidas y vaguen, en ese universo infinito buscare, allí en las estrellas, entre las sombras plateadas ese destello, que en la tierra me hechizo y mantuvo, nuestras vidas unidas.
Nos dejaste una noche de Abril, algo fría. Te fuiste muy tranquila nadie se enteró pero yo en mi cozazón ya lo sabía. Ha pasado mucho tiempo muchos días desde que cogiste el tren que lleva la vida. Esperando estoy que retorne algún día el tren de la vida para cogerlo y decirte te quiero... madre mía.
Con dos amores convivo contento y a los dos, quiero por igual si tuviese que elegir uno, sería un tormento pues no sabría, de los dos cual. Uno me robo el corazón y el otro lleva, mi sangre en sus venas mas ninguno fuere de los dos ladrón aunque también me quitasen las penas. Y quiso el cielo, ponerlos en mi camino el sol y la luna quisieron también o quizás allí arriba algún ángel, le hablase a Dios, de mi bien así se dispuso, fuese mi destino y agradecido estoy, yo con él. Yo que tu falta noté antes que nadie y cuando la tuve no supe amarte. Yo que fuí luz y amor en tu vida porque la vida no se te hizo más grande el tormento y la angustia mi corazón invaden porque ahora que me faltas no puedo olvidarte sólo me consuela el espejo porque en el veo tus ojos... madre.
Allí en el hilador en aquella calle tranquila hubo una vez, un hermoso banco de piedra, donde sentábanse las vecinas a coser con mi abuela, en aquella casa de piedras entrelazadas con barro de allí, de su tierra. Allí en el hilador junto a ese banco de una pieza trepaba la parra, entre las piedras engalonando aquella modesta fachada con su puerta en el centro de madera, aquellas de dos hojas, con su gatera. Y dentro... aquel patio de tierra que rujiado con un pozal de agua en los meses de verano, hacía de fresquera. Allí en el hilador esa calle de Muniesa en ese pueblo de Teruel pase yo mi niñez al lado de mi abuela.
|
maneles
Temas
Archivos
Enlaces
|