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Esculpes el rostro translucido, La luz de estelas visionarias Entre renglones que impregnan Nuestro corazón sonoro. Alzas tu voz que riela, en el crisol luminoso Al lado de ese amor tuyo en esencia, Un amor que asciende en el tiempo, Relata y conduce tu mano inquieta En esa luminosidad... que intuyes deseosa, Nutriendo tu mente, de energías volanderas. Sentimientos que canalizan los códices celestes, Alquimias que transforman la materia, Nos muestras nuevos horizontes, que rigen, Zodiacos ausentes...de almas viajeras.
Quien pudiera ver... desde los montes translucidos los encantos de ese jardín donde florecen las almas, y entre sus árboles claros, anidar sus alas. Quien pudiera cruzar ese túnel donde brillan las auras, y sentir esa luz transparente como tu la sientes...Elena.
¡Oh reloj!, que estresas mi vida, sin tregua los días...royéndolos con tus saetas oscilantes, y en el sosiego que acuna el silencio de las noches oscuras, tú prevaleces insomne...atormentándome entre constantes murmullos que rechinan en mis oídos, a la sombra de la almohada. Y en los amaneceres volanderos de cuán placidas horas tempranas, cuando mi cuerpo se deleita en su lecho, me despiertas con tú irritable gorjeo, ¡oh espectro de la noche! profanando...el nirvana de mis sueños.
Los relojes no duermen si fucionan sus pilas si no se corta la corriente, la cuerda gira constante y sus saetas oscilantes rellenan espacios vacios, que marcan el ritmo de nuestras vidas.
Eres la huella de Victorio, corazón de Jesús en las alturas que en dura piedra te levantas sobre un cerro de yesos cristalinos. Tus cabellos ondulantes cincelados a ritmo de martillo, se mojan con las lluvia, bajo esa luna de brillante nácar, y esa estrella...de candiles encendidos. Lo mismo que tus pies desnudos y tus languidas manos que bendicen Palencia, cuán rosa hermosa de los llanos. ¡Oh, Cristo del Otero!. Palentino, de profundos ojos serenos, que erguido en tu regazo, deleitas tu mirada incansable, en esa Pallancia celtibera creciente a las faldas, de ese cerro escarpado, donde las aguas del Carrión se adentran, surcando...esa tierra de Campos.
El Cristo del Otero de Palencia, se encuentra en uno de los cerros de la ciudad, donde se puede ver desde varios kilometros. Fue construido en 1931 segun el proyecto del escultor Victorio Macho mide 30 metros, y es el segundo Cristo por tamaño del mundo. En el cerro donde se levanto la estatua, hay escavada una ermita. Santa María del Otero de tres naves, donde esta enterrado el escultor.
 En esas tierras palentinas donde el surco sereno ahonda en los trigales, y el viento corre en la grandeza de sus llanuras deshojadas. Allí donde los castillos guardan la armadura de sus guerreros y el temple de sus espadas, alza sus encantos una colegiata. ¡ Oh petrea musa castellana ! ninfa esbelta y fina, llamada por su belleza. " La Giralda de Castilla ". En tan hermosa villa de Ampudia, allí entre los soportales sombríos de esas calles porticadas, donde mora con sus gentes... la virgen de la Alconada.
Colegiata de San Miguel siglos XIII-XVII Están sedientos los campos, las plantas en los montes heridas, las flores resecas, mientras los árboles invocan, con sus rezos la lluvia, que llegara oculta en las nubes como noche oscura sin luna. ¡Oh! cuán necesaria es el agua, ¡Oh! cuán dichosa es contigo la vida. Dime...tú que llegaste del espacio, dime agua efimera, tú que moras en la sangre que corre por mis venas, en la memoria que piensa, en el sudor de mi rostro, en esa lagrima de pena. Tú que vives en la savia del árbol, en las ramas de la sombra que proyecta, en el fruto prohibido, en las semillas que germina la huerta, en la rosa que alza el tiempo, en las alas...del pájaro que vuela. Dime...tú que llegaste del espacio, dime agua viajera, háblame de las estrellas, dime si hay lagos y mares... mas allá de la tierra.
Cual lejana escritura, dejo en el tiempo, valor, despecho y ventura sobre dorados renglones. ¡ Cual pensamiento puro que ronda el alma ! mostrando sobre el papel su hermosura. Y en el camino clavó su cuerpo, alma y figura, arrastrando el autor, esa muerte estrecha y fría, en cuyas letras, su voz callada brilla, como sombras plateadas. Maravillosas letras, que llevan en sus alas la voluntad de espíritus viajeros, y cuyos sentimientos ilustran, como gotas de rocío, las páginas de los libros. Hermosa lectura... que nos acerca al pasado, y trasmite a mi alma, felicidad o amargura, deleita, piensa y cautiva, tal como sintió su autor, portando en sus manos la pluma. Y cuya tinta acabó, donde se le paró el tiempo, y perdura en sus letras, como agua dulce que sacia nuestra sed. Libros, libros y libros... letras, letras y “maravillosas letras”, que viajan en el tiempo preservando los sentimientos, de aquellas manos ausentes, que dejaron sobre el papel... ” La sombra de su pluma.”
A la memoria de aquellos escritores, no importa su raza, color, religión o linaje, escritores de libre pensamiento, poetas de literatura universal, que dejaron su vida en alguna celda oscura, húmeda de penoso dolor. Que fueron humillados, torturados o fusilados, por escribir esas "maravillosas letras" que hoy nos deleitan el corazón. Mártires literarios, templarios de la pluma, ya en otra dimensión...Gracias. Ojos tristes, secos ya de lágrimas, ojos tristes, llenos de ternura y esperanza. Desvanecidas carnes en ese cuerpo escasas, las de ese niño, sin fuerzas... y frío por falta de grasas. Muchos de pena mueren "Prematura luz que se apaga", allí donde el hambre agoniza en los brazos de la nada, allí donde los niños afrontan esa tortura amarga, en el duro lecho, de esa tierra sedienta de agua. Inocentes sin tener culpa de nada, sólo por nacer en un mundo de niebla densa y helada, y escasa luz en el alma... Qué fácil es hablar de Dios y no sentir esa niebla fría y opaca cuando la comida es copiosa y la vida... nos es tan grata.
La tierra es una minúscula piedrecilla
que naufraga en ese enorme universo.
Nosotros somos seres microscópicos,
que no se ven más allá de nuestros ojos,
Nuestras vidas duran tan poco,
que no se pueden medir en el tiempo,
Y aún así en la tierra
nos creemos tan grandes,
tan fuertes, algunos tan poderosos.
Nos sentimos, amos, dueños,
dioses...unos de otros
en este mundo, donde tan solo somos...
partículas de polvo.
Tensas el tiempo que ahonda la vida, que golpe a golpe escribe el destino, que gota a gota acentúa la escarcha, que hiela ese cuerpo... que se marchita y se marcha. Cuando llegue mi hora estaré preparado, anudaré los recuerdos no quisiera olvidarlos, ni los sentimientos... de este corazón enamorado. Cuando llegue mi hora, no quiero pesares, no quiero lamentos, no quiero lutos, os quiero contentos. Partiré hacia otra dimensión como emigrante translucido, y me adrentrare en esa luz que sólo ven las almas, como se fueron mis padres, como lo hicieron mis abuelos, allí donde dicen... que el tiempo es eterno.
Viene Papá Noel...en su trineo por Navidad, con los regalos doce días mas tarde, de Oriente vienen en sus camellos...los Reyes Magos. Que pongan los regalos bajo el pino o los dejen, en el balcón junto a los zapatos. Nos echaremos pronto a la cama aunque esa noche...no durmamos. Vivamos pues la Navidad que se note en el rostro de los niños y en los nuestros, que importa la edad si como a niños, nos afloran...los sueños. Si el anochecer llama a la música rompiendo el silencio, y transnochan sus canciones vivas, hasta el amanecer, susurrándonos inquietas melodías que sacian nuestra sed... Mientras nuestros cuerpos se arrullan como hojas trenzadas con ansias de amar, dejando atrás los perjuicios que ostigan nuestra mente y colman nuestra llama... Vuelan sus notas errantes por el sendero ocioso de la noche seduciendo nuestros cuerpos y embriagandonos el alma... hasta que culmina el ritmo nocturno y caen rendidos...a la aurora. Pasa la luna y con ella los días, pasan los años y con ellos... mi vida. Ya no tengo esa juventud ni la misma gallardía, ahora aflora en mi, esa quietud esa, que de joven carecía. Humo que fluye en el horizonte divisan mis ojos, en lágrimas ahogados oídos dejan, el silbar de sirenas atorados y en lejanía, el eco de estruendos distorsionan en mi cuerpo el semblante. Cruzan el cielo... flechas envenenadas que llevan a la gente, dolor, hambre y desgracia llevan a la gente, miedo, odio y rabia. Se quiebran amigos, vidas y esperanzas los sueños se desvanecen, ya no hay sonrisas ni carcajadas. Es la guerra... que vuelve a las gentes inhumanas cuerpos tirados, en frías calzadas campos sin flores, llenos de personas apiñadas donde las horas son días y los días semanas. Éxodo masivo, holocausto indeseado donde la guerra y la muerte se acaban juntando. ¿Dónde están?, los que las hicieron, aquellos que las empezaron en cómodos sillones, en sus despachos. Ya en la cama tumbado con la mente relajada y en esa vertical mirada con la ventana entre cortada. Esa suave melodía en ese silencio acompasado esa luz proyectada en ese techo blanco. E inmerso en esa sensación prendado se difumina la mirada y en esa nube volando pesa el aire en mis ojos y acabo roncando.
Frágil cuerpo, que en el te recreas saciando tu maldad y el odio, tu mente enfermas y no oyes sus llantos, tampoco sus quejas ni ves esa mirada inocente que siegas.
Y desconsolado llora, esa carencia de amor que ensombrece, en pesadillas su alma esa brisa perfumada que alimentas de temor en ese dulce rostro, que a la infancia llama. Sentimientos que en el corazón corren salid del alma, penas a la vida ved esa luz, que desde el infinito nos guía y escribid, sin que la mente pare el sentir de emociones y alegrías para que no se pierda de entre nosotros eso que llaman... poesía. Tumbado sobre fría tierra ladraba aquel perrito lloraba su tristeza sin padres el solito. Con hambre y frío sobre la arena de aquel sombrío descampado sin remordimientos ni pena lo dejaron abandonado. Al verle tembrar me lo lleve a casa entre las manos y fue la alegría de mi hogar durante muchos años. Aun corretea en el piso por los pasillos de mi mente con su alegría, cortándome el paso en ese que hacer... después de su muerte.
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